


18 de Febrero de 1812: El día que la Patria definió sus colores para siempre
BUENOS AIRES – En la historia de las naciones, hay fechas que marcan batallas y otras que marcan identidades. El 18 de febrero de 1812 pertenece al segundo grupo. Hoy se cumple un nuevo aniversario del día en que el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata firmó el decreto que reconocía, por primera vez de manera oficial, a la Escarapela Nacional con los colores que hoy nos representan en el mundo.
No fue un capricho estético, sino una urgencia militar y política. Hasta ese momento, los ejércitos patriotas y los realistas (fieles a España) utilizaban distintivos rojos, lo que generaba confusión en el campo de batalla y, peor aún, falta de sentido de pertenencia en las tropas criollas.
El pedido de Belgrano: "Para que no se equivoque"
La historia comenzó cinco días antes, el 13 de febrero de 1812. Manuel Belgrano, quien se encontraba en Rosario fortificando las orillas del Paraná (donde emplazó las baterías "Libertad" e "Independencia"), notó la necesidad imperiosa de uniformar a sus soldados con un símbolo propio.
En un oficio enviado al Gobierno Superior, Belgrano argumentó con pragmatismo y visión de futuro:
“Parece que es llegado el caso de que Vuestra Excelencia se sirva declarar la Escarapela Nacional que debemos usar, para que no se equivoque con la de nuestros enemigos.”
Belgrano entendía que para ser libres, primero debían verse diferentes a quienes los oprimían.
La respuesta oficial
La respuesta del Triunvirato (integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso) llegó rápido. El 18 de febrero, el gobierno decretó lo que sería el acta de nacimiento de nuestros colores patrios:
“Se haya, reconozca y use por las tropas la Escarapela Nacional de las Provincias del Río de la Plata, que deberá componerse de los dos colores blanco y azul celeste, quedando abolida desde esta fecha la roja con que antiguamente se distinguían.”
Este documento no solo validó la intuición de Belgrano, sino que institucionalizó el celeste y blanco, colores que —según distintas teorías— remitían al manto de la Virgen o a la Casa de Borbón, pero que en ese acto cobraron un nuevo significado: Independencia.
El prólogo de la Bandera
La importancia de este 18 de febrero radica en que fue la chispa necesaria para el siguiente gran paso. Envalentonado por la aprobación de la escarapela, Belgrano no esperó mucho más. Apenas 9 días después, el 27 de febrero de 1812, mandó a izar por primera vez la Bandera Nacional a orillas del río Paraná, diseñada con los mismos colores que el gobierno acababa de aprobar para el distintivo de pecho.
Hoy recordamos este hito no solo como un cambio de divisas en un uniforme militar, sino como el momento exacto en que la Revolución de Mayo empezó a tener color propio.


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