
Dolor en la música: falleció el Indio Solari, ícono absoluto del rock nacional

BUENOS AIRES — 5 de junio de 2026. Hay noticias que, por más inevitables que resulten en la lógica del tiempo, el inconsciente colectivo se resiste a aceptar. Figuras que de tanto habitar la cotidianidad de un país se vuelven eternas, invulnerables a la mortalidad. Hoy, la Argentina entera contiene la respiración ante una de esas crónicas que parten el alma: a los 77 años, Carlos Alberto "Indio" Solari emprendió su viaje final, dejando tras de sí un legado cultural inabarcable.
El origen del mito: De Paraná a las diagonales
Nacido el 17 de enero de 1949 en la humedad entrañable de Paraná, Entre Ríos, pero forjado artística y espiritualmente al calor de las diagonales platenses, Solari no fue simplemente un músico. Se erigió como el chamán de una tribu enorme, el letrista de una generación que encontró en su poesía encriptada el refugio exacto para la angustia, la rebeldía y la celebración.
A fines de la década de 1970, en plena dictadura militar, fundó junto al guitarrista Eduardo "Skay" Beilinson y la mánager Carmen "La Negra Poli" Castro un proyecto bautizado como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Lo que comenzó en pequeños teatros, bares universitarios y sótanos bajo una estricta ética de independencia y autogestión, terminó por convertirse en el fenómeno de masas más arrollador de la historia del rock nacional.
La épica ricotera y la consagración de masas
A lo largo de nueve discos de estudio —desde el fundacional Gulp! (1985) hasta el profético Momo Sampler (2000)—, el Indio regaló himnos que trascendieron el formato canción para volverse crónicas sociales y manifiestos de vida.
La masividad de Los Redondos jamás respondió a las reglas del marketing ni a la exposición televisiva, sino a la más pura lealtad del "boca a boca". El crecimiento exponencial de su público derivó en recitales que fueron verdaderos éxodos urbanos. La cumbre de esta épica tuvo lugar en abril del año 2000 en el Estadio Monumental, donde más de 70.000 almas latieron al unísono bajo lo que la historia bautizaría para siempre como "el pogo más grande del mundo" al sonar Ji Ji Ji.
La etapa solista: Las misas de Los Fundamentalistas
Tras la dolorosa e inesperada separación de la banda en 2001, los caminos se bifurcaron, pero el Indio demostró que el fuego de su convocatoria seguía intacto. Al frente de su nueva formación, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, su carrera solista superó los límites de lo imaginable.
Sus recitales, resignificados por la prensa y el público como "misas", congregaron multitudes sin precedentes. Ciudades enteras del interior del país, como Tandil, Mendoza o Gualeguaychú, se paralizaban para recibir a los más de 150.000 fieles (llegando a superar los 300.000 en Olavarría en 2017) que viajaban días enteros solo para escucharlo cantar una vez más.
El último acto: La lucidez frente al "Míster Parkinson"
En marzo de 2016, con la valentía de los grandes, el Indio detuvo su concierto en Tandil, miró a su público a los ojos y confesó que el "Míster Parkinson" le venía pisando los talones.
"El señor Parkinson me anda pisando los talones, pero bueno, aquí estoy", declaró aquella noche, en un gesto de vulnerabilidad cruda ante una multitud conmovida.
Esa enfermedad neurológica lo fue alejando de a poco del desgaste físico de los escenarios, pero nunca pudo apagar su lucidez ni su pluma. En sus últimos años, continuó componiendo, publicando libros, cediendo su voz para nuevas canciones grabadas en su estudio de Parque Leloir, e incluso apareciendo en forma de holograma para acompañar a su banda, que continuó girando bajo su bendición.
Un legado que trasciende la muerte
Hoy, el hombre cede su lugar a la inmortalidad de la obra. Carlos Alberto Solari deja físicamente este mundo, pero el "Indio" —el mito de las gafas oscuras, la campera impecable y la voz inconfundible— no morirá jamás.
Su figura vivirá en cada bandera que flamee en la ruta, en las paredes pintadas de los barrios, en el abrazo transpirado del centro del pogo y en la banda de sonido que acompaña, desde hace más de cuatro décadas, la vida misma de los argentinos.
Buen viaje, Míster. La función, gracias a usted, ya es eterna.


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