
Día Mundial de la Diabetes

La diabetes mellitus es una enfermedad metabólica crónica caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre debido a una producción insuficiente de insulina, a una acción inadecuada de la insulina o a ambas situaciones; la insulina es la hormona que permite que la glucosa entre en las células para producir energía.
Los dos tipos más frecuentes son diabetes tipo 1 y diabetes tipo 2. En la tipo 1 el sistema inmunitario destruye las células beta del páncreas y se produce una ausencia prácticamente total de insulina; suele iniciarse en la infancia o adolescencia aunque puede aparecer en cualquier edad. En la tipo 2 existe resistencia a la insulina y, con el tiempo, una disminución de su secreción; está asociada a factores metabólicos, genéticos y al estilo de vida, como sobrepeso, sedentarismo y antecedentes familiares. Existen además diabetes gestacional y otros subtipos por defectos genéticos o enfermedades del páncreas.
Los síntomas más comunes incluyen sed intensa, micción frecuente, hambre excesiva, pérdida de peso inexplicada, fatiga y visión borrosa. Muchas personas con diabetes tipo 2 pueden permanecer asintomáticas durante años y descubrir la enfermedad por complicaciones; los síntomas de la tipo 1 suelen aparecer de forma más rápida y marcada.
El diagnóstico se confirma mediante pruebas de glucemia: glucemia en ayunas, prueba de tolerancia oral a la glucosa y/o hemoglobina glucosilada. La evaluación clínica debe completarse con historial, factores de riesgo y exámenes complementarios según corresponda.
La hiperglucemia crónica puede lesionar ojos, riñones, nervios, corazón y vasos sanguíneos, aumentando el riesgo de retinopatía, nefropatía, neuropatía, enfermedad cardiovascular y problemas de cicatrización en las extremidades.
El manejo es multidisciplinario y combina educación en salud, control de la glucemia, alimentación saludable, actividad física, farmacoterapia y apoyo psicosocial. La diabetes tipo 1 requiere insulina exógena; la tipo 2 se trata con cambios en el estilo de vida y, cuando es necesario, fármacos orales o insulina. La prevención de la tipo 2 se basa en mantener un peso saludable, realizar actividad física regular y controlar factores de riesgo metabólicos.
La diabetes tipo 2 sigue en aumento y muchas personas desconocen que la padecen hasta que aparecen complicaciones. Para los especialistas, ampliar el acceso a controles básicos de glucemia en centros de salud, escuelas y lugares de trabajo es una medida simple y eficaz para reducir daño irreversible en ojos, riñones y extremidades.
Historias que explican el problema: María, 58 años, cuenta que detectó su diabetes tras un chequeo laboral: “Si no me hubieran hecho el control, hoy no sé cómo estaría. Empezamos cambios en la comida y la actividad, y me siento mejor”. Para adolescentes con diabetes tipo 1, el desafío es distinto: manejar la enfermedad en la escuela, combinar insulina con actividad física y sostener el acompañamiento familiar y escolar.
En ámbitos laborales y educativos, recomiendan protocolos para controlar hipoglucemias y espacios para autocuidado, junto con campañas formativas que desmitifiquen la condición.
Prevención práctica
Alimentación: optar por verduras, frutas enteras, cereales integrales y reducir bebidas azucaradas y ultraprocesados.
Actividad: 150 minutos semanales de actividad fisica moderada distribuida a lo largo de la semana.
Controles: medición de glucemia ante síntomas (sed, micción frecuente, fatiga, pérdida de peso inexplicable) y chequeos periódicos en personas con factores de riesgo.
Entorno: promover políticas que faciliten opciones saludables en escuelas, comedores y lugares de trabajo.
Organizaciones comunitarias y centros de salud organizaron hoy jornadas de control y charlas informativas, con medición de glucemia y orientación breve sobre estilo de vida. Quienes quieran participar pueden acercarse a centros de salud municipales y a las actividades en plazas y centros culturales programadas por ONG locales.
La diabetes no se resuelve con una sola jornada de concientización: exige políticas públicas sostenidas, redes intersectoriales y un cambio cultural que integre prevención, acceso a tratamientos y respeto a la vida cotidiana de quienes la viven. Las medidas individuales funcionan mejor cuando hay sistemas que las sostienen.




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