ARA San Juan: 44 héroes sepultados en el mar
El ARA San Juan era un submarino de la clase TR-1700, construido por Thyssen Nordseewerke en Alemania, botado en 1983 y puesto en servicio en 1985. Operaba desde la Base Naval de Mar del Plata y cumplía funciones de patrulla en el Atlántico Sur, incluida vigilancia de la zona económica exclusiva. Durante su vida operativa acumuló demoras en mantenimiento y reparaciones; la renovación de media vida entre 2008 y 2013 se prolongó y el buque ya arrastraba problemas técnicos y limitaciones presupuestarias que luego fueron foco de investigación y cuestionamiento público.
Cronología breve de lo ocurrido en noviembre de 2017
Zarpe: El 8 de noviembre de 2017 el ARA San Juan zarpó desde Ushuaia con rumbo a Mar del Plata tras participar de ejercicios, en una patrulla programada por el Atlántico Sur.
Último contacto oficial: El 15 de noviembre de 2017, a las 07:31 (hora argentina), la nave reportó problemas en el tanque de baterías número 3, indicando entrada de agua de mar y la posibilidad de un incendio o cortocircuito; fue ese el último mensaje oficial recibido.
Evento acústico: A las 10:31 del mismo día, sensores internacionales —parte del mecanismo de monitoreo global— registraron un “evento acústico” en el área del Golfo San Jorge consistente con una implosión, dato que más tarde fue clave para reconstruir la secuencia de la tragedia.
Cada uno de esos hitos alimentó la hipótesis técnica predominante: que la pérdida fue producto de un fallo catastrófico en condiciones que impidieron la supervivencia de la tripulación.
Tras la pérdida de contacto se desplegó un amplio operativo internacional de búsqueda y rescate (SAR) que involucró a la Armada argentina y a embarcaciones y medios extranjeros. Tras varios días sin resultados, la fase inicial de rescate fue declarada finalizada el 30 de noviembre de 2017 y la búsqueda se focalizó en localizar restos en el lecho marino. Un año después, en noviembre de 2018, se confirmó el hallazgo del submarino a más de 900 metros de profundidad, concluyendo la etapa de incertidumbre sobre la localización pero dejando abiertas preguntas sobre responsabilidades y causas profundas del accidente.
La tragedia derivó en múltiples causas judiciales y administrativas. Las familias de las víctimas promovieron acciones y acompañaron investigaciones que apuntaron tanto a responsabilidades militares por el supuesto incumplimiento de deberes y falta de condiciones de alistamiento como a posibles responsabilidades políticas y administrativas del Ministerio de Defensa de la época. En la causa principal en la Justicia federal de Caleta Olivia se elevó a juicio oral la acusación contra oficiales de la Armada por estrago culposo agravado por la muerte de los tripulantes, con la tesis de que el submarino no estaba en condiciones de navegar en la misión que se le asignó. Además surgieron investigaciones sobre posibles demoras u ocultamientos de información durante las primeras etapas de la búsqueda y una causa paralela por espionaje ilegal a familiares que denunció seguimientos y monitoreos de las reuniones y comunicaciones de quienes reclamaban verdad y justicia.
Abogados que representan a las familias, entre ellos figuras públicas del fuero mediático, han sostenido que “a estos 44 héroes los mandaron en un viaje a la muerte”, sosteniendo que existieron advertencias técnicas previas que no fueron atendidas y que deben investigarse a fondo las decisiones que autorizaron el zarpe y la gestión de la crisis.
Desde la pérdida y el posterior hallazgo, la conmemoración de los 44 tripulantes se transformó en acto público y ritual cívico en distintas ciudades vinculadas al hecho: Ushuaia, Mar del Plata y otras localidades mantienen ceremonias oficiales, homenajes deportivos, culturales y actos en plazas y bases navales para sostener la memoria colectiva y el reclamo por esclarecimiento y justicia. Iniciativas ciudadanas incluyen ultramaratones, placas conmemorativas y premios deportivos que han adoptado el nombre del ARA San Juan para honrar la vinculación de los tripulantes con el mar y para mantener vivo el recuerdo entre nuevas generaciones.
El ARA San Juan y sus 44 tripulantes dejaron una marca profunda en la Argentina: una tragedia humana que condensó fallas técnicas, preguntas sobre decisiones institucionales y una demanda constante de las familias por verdad y responsabilidades. Mientras persisten investigaciones y procesos judiciales, la conmemoración pública sigue siendo el lugar donde la sociedad recuerda a quienes “eran del mar” y exige que la lección institucional no se olvide.
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