Franco Colapinto cerró un GP de Brasil accidentado pero valioso: entre golpes, roces y aprendizaje en Interlagos
Franco Colapinto vivió un Gran Premio de Brasil cargado de emociones, contratiempos y aprendizaje. En el circuito de Interlagos, el piloto argentino enfrentó uno de los fines de semana más exigentes desde su debut en la Fórmula 1, con momentos de tensión, roces en pista y una carrera que, aunque sin puntos, dejó huella en su evolución como profesional.
Todo comenzó el sábado con una Sprint Race que terminó abruptamente para Colapinto. En la tercera curva, tras pisar un piano mojado, perdió el control de su monoplaza y se estrelló contra las barreras, en un incidente que también involucró a Oscar Piastri y Nico Hülkenberg. El golpe fue fuerte, pero el piloto salió ileso. Sin embargo, el equipo Alpine debió trabajar contrarreloj para reparar el auto antes de la clasificación, donde Franco no logró superar la Q1. Aun así, las sanciones a otros pilotos le permitieron largar el domingo desde la posición 16.
La carrera principal tampoco estuvo exenta de sobresaltos. En la primera vuelta, Lewis Hamilton tocó el auto de Colapinto, dañando su alerón delantero. Aunque el argentino pudo continuar sin mayores consecuencias, el británico fue penalizado por la maniobra. Más adelante, un cruce con Lance Stroll encendió los ánimos: por radio, Franco lo calificó como “un idiota”, reflejando la frustración por una maniobra que consideró peligrosa. A pesar de todo, logró completar la competencia en el puesto 15, ganando una posición respecto a la largada y sumando kilómetros valiosos en su proceso de adaptación a la máxima categoría.
El balance del fin de semana fue agridulce. Colapinto no sumó puntos, pero sí experiencia en un circuito técnico y exigente, donde las condiciones cambiantes y los roces son moneda corriente. Su compañero de equipo, Pierre Gasly, terminó décimo y aportó un punto para Alpine, que sigue buscando consolidarse en la zona media de la tabla.
Para Franco, el GP de Brasil fue una prueba de carácter. En sus declaraciones posteriores, reconoció que el auto “no estaba como quería” y que el chasis “se sentía raro” tras el accidente del sábado. Sin embargo, destacó el trabajo del equipo y la importancia de seguir aprendiendo. En un calendario que no da respiro, cada carrera es una oportunidad para crecer, y Colapinto lo sabe. Interlagos le dejó golpes, bronca y desafíos, pero también una certeza: está listo para seguir peleando.
“Fue un fin de semana difícil. El auto no estaba como quería y hubo muchas situaciones en pista que complicaron todo. Pero seguimos aprendiendo” — Franco Colapinto