
Tormenta colapsa la General Paz y la Panamericana: anegamientos y caos en el AMBA

La tarde se transformó en una escena de emergencia cuando un frente de lluvia muy concentrado descargó sobre el norte y el oeste del Área Metropolitana de Buenos Aires. En cuestión de minutos, la acumulación de agua convirtió carriles en corrientes y obligó a cortar tramos enteros de la General Paz y de la Panamericana, generando desvíos que saturaron las calles secundarias y prolongaron el caos en plena hora pico. Testimonios de conductores y cronistas describieron imágenes impactantes: autos flotando, personas abandonando vehículos y largas filas inmóviles que se extendieron por kilómetros.
El episodio fue especialmente crítico en sectores donde la calzada desciende, como la zona de Thames y Márquez, donde varios automóviles quedaron bajo el agua y sus ocupantes debieron ser asistidos o abandonar sus vehículos; además, el centro comercial Unicenter sufrió filtraciones que motivaron evacuaciones preventivas mientras duró el temporal. Las concesionarias viales y los municipios recomendaron evitar las zonas afectadas y coordinaron operativos para despejar calzadas y asistir a los automovilistas atrapados.
Los registros pluviométricos y los informes oficiales dan cuenta de la magnitud del fenómeno: precipitaciones muy intensas en lapsos cortos que, según mediciones locales, alcanzaron acumulados que superaron los 50–80 milímetros en menos de una hora en varios puntos, y el sistema de emergencias recibió cientos de llamados por ingresos de agua en viviendas, caída de árboles y riesgos eléctricos durante las horas más críticas. Esa combinación de lluvia concentrada y tránsito elevado —por la previa de las fiestas— multiplicó el impacto y dejó a miles de personas afectadas.
El Servicio Meteorológico Nacional había emitido avisos por lluvias intensas, actividad eléctrica y posible caída de granizo para sectores del AMBA, y varios medios consignaron la presencia de granizo en barrios porteños y del conurbano, lo que añadió un componente de riesgo para estructuras y vehículos expuestos. Las imágenes difundidas en redes y por los medios locales mostraron escenas que se repitieron en distintos puntos: calles anegadas, comercios con filtraciones y personal de emergencias trabajando contra reloj para restablecer la normalidad.
Más allá de la emergencia inmediata, el temporal volvió a poner en evidencia la fragilidad del drenaje urbano y la necesidad de una planificación que contemple eventos de lluvia extrema cada vez más frecuentes. Es imprescindible acelerar obras de desagüe, mejorar la coordinación interjurisdiccional y reforzar protocolos de respuesta para reducir la exposición de la población y minimizar el impacto en la movilidad y los servicios. Mientras tanto, la recomendación para la población es mantenerse informada por canales oficiales, evitar circular por las arterias afectadas y priorizar la seguridad personal ante cualquier nuevo episodio de inestabilidad.


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